Cuestión de detalles

Aunque resulte paradójico, el hecho de ser periodista deportivo me impide acudir a Mestalla con la asiduidad que desearía y por ese motivo cada vez que tengo la oportunidad de presenciar un partido en vivo me gusta paladear cada detalle, como los que dejó el último Valencia-Valladolid.

Aunque no es nada nuevo, me llama la atención cada vez más la frialdad del público de Mestalla. La animación constante de la Curva Nord aún acentúa más la apatía del resto de aficionados. Cada cuál vive el fútbol como más le apetece -faltaría más- pero por momentos la sensación de estar sentado en un estadio de fútbol se desvanece y el silencio reinante te transporta a un recinto vacío, o al patio de butacas de un teatro o incluso te imaginas oyendo misa de 12 un domingo cualquiera. Mucho silencio, muy poco ambiente. La situación social del club y la incapacidad del propio equipo de transmitir estímulos positivos han convertido la costumbre de ir a los partidos del Valencia en eso, una costumbre y poco más. Hoy por hoy, no hay química.

Curva Nord
Animación de la Curva Nord en Mestalla
Foto: www.valenciacf.com

Otro detalle más y no por conocido menos alarmante. Definitivamente, Jonas y la afición no se entienden. Y no es culpa de nadie o, aunque suene contradictorio, es culpa de todos. El público de Mestalla es muy exigente con algunos jugadores y nada exigente con otros, imagino que como todos los públicos. Al brasileño le ha tocado vivir en sus carnes el grado máximo de exigencia de su afición. Jonas lleva fatal lo de ser silbado, pero su reacción desde los primeros pitidos recibidos no ha podido ser más provechosa: no ha parado de marcar goles, uno detrás de otro. Aún así, el delantero no ha sido perdonado y cada vez está más molesto con la situación.

Jonas , gol Valencia-Valladolid
Jonas tiene una difícil relación
con el público de Mestalla
Foto: www.valenciacf.com

Un detalle que no quiero pasar por alto. Hay futbolistas en esta plantilla que deberían tener muy presente a qué institución pertenecen cada vez que saltan a un terreno de juego. Al Tino Costa se le puede criticar por muchos motivos, pero no precisamente por su entrega e implicación. Por eso mismo, no se puede permitir el desliz de ir andando lentamente a sacar un córner con empate a cero en el marcador, como si la necesidad de ganar no le apremiara. La reacción de la grada fue inmediata: pitada. La extensa y gloriosa historia del club, plagada de jugadores míticos, no admite tales lapsus, y menos del Tino.

El Valladolid de Djukic apenas dejó detalles en su paso por Valencia. Más que por el juego de su equipo, la primera visita del técnico serbio será recordada por sus quejas en la sala de prensa. No es el mejor aval para uno de los candidatos a ocupar el banquillo valencianista.

Y por último, un detalle azucarado para endulzar un artículo un tanto amargo. En los puestecitos de pipas y bebidas del interior de Mestalla ahora también se venden ¡chuches! Pero el precio es prohibitivo, ni que fuera caviar. Me hago mayor y ya no estoy conforme con casi nada, ¡cómo ha cambiado el fútbol!

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