Un diván para el Valencia CF

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Llorente y Andreu llegaron juntos al hotel de concentración del Valencia CF en Barcelona, antes del partido contra el Espanyol (Imagen de Canal 9 – TVV)

No escribo habitualmente sobre los temas sociales del Valencia CF, pero la zozobra actual del club no me deja otro remedio. La dimisión de Varona como presidente de la Fundación es el antepenúltimo capítulo del sainete en que esta sociedad anónima se ha convertido desde hace tiempo.

En pocos días el Valencia ha tenido tres presidentes: Llorente, Giner y Andreu. En cualquier otro club se podría considerar este hecho como un simple cambio en la cúpula del poder, con un presidente en funciones de por medio. Pero aquí todo es distinto, todo es trágico.  Llorente se fue porque ‘colocaron’ en la Fundación a un presidente que iba a fiscalizar su gestión y, además, porque fueron informados de tal designación algunos periodistas antes que él mismo. Su sucesor en el cargo, Vicent Andreu, dijo en su primera comparecencia pública que lo habían nombrado presidente ‘porque tengo el pelo blanco’ y también ‘mi presidente sigue siendo Manuel Llorente’. No tengo nada más que añadir.

Y ahora Varona dimite porque Llorente antes había dimitido tras la irrupción del primero en el panorama valencianista. O sea, que Llorente dimite porque llega Varona y Varona dimite porque Llorente se va. De locos.

En otras épocas los terremotos sociales llegaron acompañados de éxitos deportivos, pero ahora, desgraciadamente, consejo y equipo comparten identidad. Ambos están para sentarse en el diván un par de veces por semana. Normalmente se dice que en un equipo se juega como se entrena. En el Valencia se juega como se dirige. La esquizofrenia instalada en la entidad afecta a todos sus estamentos y el partido contra el Español es el ejemplo más reciente. Al descanso se perdía. Luego se empataba. A falta de 7 minutos se iba a perder. En el 92 se iba a ganar. Y se acabó empatando. Sí, ya, es fútbol y estas cosas pasan pero tras una semana tan convulsa, la guinda futbolística al pastel no pudo ser más significativa.

Mientras pienso en mi próximo artículo -espero que sea de los goles de Soldado, o de los gestos de Jonas, o de por qué nunca juega Bernat, o de lo que sea, pero únicamente relativo a fútbol- me voy a ir pidiendo hora en el… bueno, ya sabéis. Y de paso a ver si me regalan un bono para una terapia de grupo, que tengo unos conocidos a los que no les vendría nada mal.

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